Hacía tiempo que no dibujaba nada. Recuerdo que cuando era joven me pasaba el tiempo dibujando cosas. Pero hacía tiempo que no tocaba un lápiz. Bueno: técnicamente sigo sin hacerlo, porque la herramienta ahora es el ordenador. Me he liado la manta a la cabeza y me he decido a probar Krita.
Llevo un tiempo con un proyecto de aventura conversacional, algo de
lo que ya hablé y que no repetiré aquí.
Salvo para mencionar, que pensando en ese proyecto, por mucha
adaptación «conversacional» que se haga, el original es una aventura
gráfica. Creo que el proyecto se merece unos gráficos, aunque sean sólo
ilustraciones, y me he planteado hacerlas yo. Aunque será la primera
vez –si el proyecto prospera– que haga yo las ilustraciones
a una aventura conversacional.
Mis primeras sensaciones con Krita han sido fantásticas. Tan sólo he comenzado a soltar un poco la mano con un boceto y la Wacom. Pensé que mi vieja Wacom me daría algún problema para configurarla, pero no. Krita me la reconoce sin problemas, reconoce las presiones y estabiliza el trazo mejor que Gimp o MyPaint, las dos herramientas con las que probé antes. Dos herramientas muy loables pero que no me daban todo lo que yo esperaba. Gimp es una herramienta de retoques digitales y tiene lo que tiene. Y MyPaint es una herramienta con mucho potencial, pero a la que aún le faltan algunas cosas.
Para dibujar y pintar –sin gastar papel– necesitas un
software que dé muchas opciones a las brochas, que puedas hacer trazos
de tinta como con plumilla o trazos de color como de pincel.
MyPaint tiene ese tipo de brochas e incluso te puedes crear tus
propias brochas con relativa facilidad, pero su manejo de capas es muy
básico. Gimp en cambio tiene un manejo de capas aceptable, sin
embargo, las brochas son muy simples y la forma de crearse las mismas
muy compleja.
Krita es para el dibujante quizá la mejor opción. Me había resistido a instalarlo en mi OpenSuse Tumbleweed porque utilizo Gnome 3 como escritorio y no quería instalar una aplicación que depende de las librerías de KDE para no llenar el disco duro de paquetes semihuérfanos y dependencias. Por cierto, faltaba una: un paquete de iconos. Estoy contento de haberme decidio, al final. Tenía ganas de probar Krita y aún no conociéndonos mucho, me está gustando por sus herramientas y ayudas al dibujo. Aunque me hable en inglés americano porque no he instalado los paquetes de idioma del KDE. Las dos horas que llevo dibujando y cacharreando con él han sido gratificantes, a pesar de que todavía tengo que trastear por un montón de menús y diálogos que no conozco, creo que el esfuerzo merecerá la pena.
Si el proyecto sigue adelante y voy haciendo algún dibujo más en serio, ya lo iré colgando por aquí con el ánimo de admitir críticas.
