Cuando estudiaba en la facultad –donde compré cuarto y mitad de psicología, ya sabemos que cualquier cuñao tiene mucha más psicología– me aprendí los mecanismos del aprendizaje animal y me quedó claro que los mismos principios funcionan también con los seres humanos. Aviso de ello en el primer párrafo porque cometeré el atrevimiento de comparar nuestro comportamiento al de los demás mamíferos.
En el adiestramiento canino se utiliza un mecanismo basado en las teorías del aprendizaje. Cualquier adiestrador canino moderno, que utilice técnicas de adiestramiento positivo puede explicar lo que es un clicker. Un clicker es un aparatito que sólo hace click. Cuando se utiliza en el adiestramiento hay que cargar el clicker. Que consiste en presentar el sonido click con ciertos estímulos positivos, como unas golosinas, unas caricias o unas alabanzas. El resultado es que el sonido del clicker termina obteniendo valor de recompensa para el animal y es por tanto una forma de premiar al animal cuando realiza la acción que estamos enseñándole, de forma directa, rápida y a distancia.
Con las redes sociales ocurre algo parecido. En este caso, no hace falta cargar el clicker, lo traemos cargado de fábrica. El poder reforzante que tienen las relaciones sociales para el Ser Humano es intrínseco. Cuando interactuamos en ellas y aventuramos alguna opinión o comentario un click en «me gusta» o que alguien lo repita implica para la mente humana un premio.
Supongo que habrá estudios más sesudos que puedan confirmar o falsar esta apreciación subjetiva mía. Pero temo que hemos construido el sistema onanista perfecto. Da igual la opinión, lo que cuentan son los clicks como para los perros en adiestramiento. Si me produce placer estoy haciendo las cosas bien. Un modo un tanto perturbador –¿debería decir masturbador?– de ir por la vida.
Tan reforzante es esto del «me gusta» que incluso a la gente le da igual su privacidad u otras cuestiones de seguridad. Le da igual lo que digas y no entiende los reparos que puedas poner a ese tipo de actividad. De hecho cuando te sales de las redes sociales más populares, como he hecho yo, tienes que aguantar que te califiquen de asocial.
La interacción que se realiza es lo de menos. Cualquier cosa te sirve para conseguir que te toquen el botón. Por eso los mensajes no suelen ir más allá de los memes eternamente repetidos. Repiten una y otra vez aquellos que han tenido éxito con el único objetivo de recopilar su ración de clicks.
Las opiniones más extremas, ofensivas, irónicas, suelen tener mayor número de reacciones. Por eso, algunas redes sociales convierten a sus opinadores en reos de sus mensajes. Ya estamos acostumbrados a que los periodistas buceen en las viejas interacciones de algunos políticos para sacarles los colores por algún dicho inconveniente o políticamente incorrecta. La escusa de «sólo era un chiste sacado de contexto, en realidad yo no pienso así» la hemos oído con cierta frecuencia. No cuidamos nuestros textos, nuestros posts, sólo buscamos los ansiados clicks. Todo lo justifica el click.
Tengo 200 «me gusta», da igual que sea en la foto del negro. Los doscientos clicks son míos, refuerzan mi ego, aunque nada tenga que ver con los atributos del negro.
Si hacemos un ranking de las actividades humanas más adictivas, seguramente encontraremos que la mayoría están explicadas por el mecanismo de las teorías del aprendizaje. Quizá de todas ellas, la más adictiva sea el juego –especialmente el de las tragaperras, que utiliza ruidos y luces como clicks–. Pero quizá la segunda sean las redes sociales. En ambas dos actividades existe detrás toda una industria dedicada a obtener beneficios de los adictos.
Ambos tipos de empresas saben perfectamente cómo funcionan esos mecanismos y los explotan. Sólo hay que ver cómo la tragaperras del bar reclama atención cuando nadie la hace caso. Y sólo hay que ver los mensajes resumen que envían las redes sociales cuando las ignoras. Incluso se preocupan de difundir mensajes de autoafirmación entre sus adictos: los riesgos de seguridad son mínimos si tienes cuidado, o desde que te conectas a la Internet ya saben todo de ti, así que no te preocupes, o todo el mundo tiene esta red (este es el argumento de 100 millones de moscas no pueden equivocarse: come mierda), o yo no tengo nada que ocultar (por eso regalo mis datos y metadatos).
Yo de todas formas, aunque he dejado las redes sociales mayoritarias voy a poner el aviso de que he escrito este post en las que uso. GNUsocial, Diaspora, blablanet. También necesito mi ración de clicks ;-).
