Cuando nos movemos por el mundo nuestro comportamiento y formas de actuar hay ocasiones en que nos puede parecer confuso o incluso contradictorio. Aunque no lo sepamos nos movemos influenciados por nuestros valores.
Cuando se habla de valores normalmente es para apologizar sobre determinados aspectos. Por ejemplo, el habitual de educar en valores para prevenir ... lo que sea. Se ha convertido ya en un mantra de muchas corrientes, asociaciones, activistas, etc.
¿Por qué es tan importante? Pues, como he dicho antes, nuestros valores dirigen nuestro comportamiento. Son una forma de controlar nuestras conductas haciendo que nos comportemos voluntariamente de una determinada manera. La forma práctica consiste en darle importancia, máxima importancia, a sólo unos pocos. Algo que comprendieron en la Revolución Francesa con su lema Libertad, Igualdad y Fraternidad. Algo que lleva haciendo la Iglesia siglos intentando que nuestro principal valor sea Dios o la Religión (algo que sólo valoran –como primera y casi única opción– los talibanes más acérrimos). Cuando hay un desencuentro con otras personas, cuando no entendemos por qué alguien se comporta o piensa determinada cosa sobre algo, o no simplemente cómo alguien puede pensar de una forma diferente a nosotros, es porque estamos partiendo de diferentes valores.
Normalmente, utilizamos el término valores en plural, porque no tenemos uno sólo. Vienen juntos y unos se limitan a otros. Si analizamos los nuestros podemos predecir en cierto modo cómo pensaremos sobre algún tema y cuál será nuestra posición. El problema es darle prioridad a uno solo. Si lo único importante es la libertad de mercado tenemos algún imbécil defendiendo los intereses de las grandes corporaciones. Debe haber otros valores que limiten eso y los extremismos suelen derivarse de dejar uno sólo como predominante.
Cuando trabajamos con ACT uno de los trabajos fundamentales es averiguar cuáles son los valores del paciente. No se trata de cambiarlos sino de ayudar al paciente a ser consecuente con esos valores –los suyos– y a tener una vida más plena.
No se juzga qué valor es bueno o malo; o que escala de valores es mejor o peor. Eso es solo una cuestión de opinión y desde luego, juzgar unos valores desde otros sólo lleva a la incomprensión. El punto central del trabajo sobre valores en ACT es darle libertad al paciente para elegir los suyos –nótese el uso del plural–. Esa es la mejor vía para no convertir la terapia en un adoctrinamiento. Cada persona tiene la libertad, como en la vida normal –fuera de la terapia– de elegir su camino, sus valores. Todos los valores son importantes y debo cuidarlos, especialmente los que están en contra de mi forma de pensar, aunque no sean importantes para mí, lo son para la persona que deposita su confianza en mí y mis conocimientos. No soy yo quien deba modificarlos ni imponerle una forma de pensamiento.
Quizá sea una deformación profesional pero me echa para atrás todo adoctrinamiento, incluso aquel con el que puedo coincidir con sus valores e ideales. Me gustaría que cuando alguien habla de «trabajar en valores» o «educar en valores» lo que haga sea ayudar a la persona a encontrar su camino en la vida y no imponer los valores propios a los demás.
