Desde hace tiempo vengo pensando que las redes sociales en realidad son redes asociales. Entramos en las que utilizamos, echamos un vistazo –que no leemos– lo que alguien haya escrito, le damos alguna vez al me gusta y poco más. En algunas de esas redes se fomenta ese tipo de interacción e incluso parece que hay una carrera para conseguir cuantos más «me gusta» mejor.
Sin embargo, no hay verdadera comunicación ni sirve para nada más que la gratificación inmediata. Utilizan nuestros egos y una especie de competición vacía, para dar una falsa sensación de compartir y comunicar. En realidad, si hay algo que te gusta de verdad lo perderás en el pozo de la novedad diaria. Simplemente, volver a encontrar algo que viste por la mañana para enseñárselo a alguien por la tarde es una tarea tediosa que, muchas veces, termina en abandono.
Quizá soy algo mayor para estas cosas, pero la sensación de comunidad que había –y hay– en los foros era muy superior a la que hay ahora con las redes asociales. Con los foros conocías cómo opinaba generalmente la mayoría de los habituales del sitio. En un foro no estabas limitado en número de caracteres y podías argumentar con tranquilidad. Las aportaciones que hacen los usuarios están ordenados por temas. Si entras y preguntas por un tema que ya se ha hablado, lo normal es que la primera contestación que te den sea «utiliza el buscador» y si lo haces lo habitual es que encuentres la información que buscas. No hay, por tanto, demasiada información repetida. Sin embargo, las redes asociales están condenadas a repetir una y otra vez los mismos mensajes, incluso lo fomentan con algún botón de repetir.
Otros comportamientos que en los foros estarían excluidos y cualquier «moderador» borraría el mensaje, como el spam, en las redes asociales se moverán a sus anchas. Se registran cuentas falsas que se dedican an colgar cientos y miles de mensajes idénticos en cualquier discusión o grupo que se haya formado. Controlar esos excesos se hace complicado, como intentar detener el mar con una reja metálica.
Lo curioso de todo este fenómeno es que los que se encuentran inmersos en ese juego nos miran con recelo a los que no estamos. ¿Cómo? ¿Que te has salido de las redes mayoritarias? ¿Que no tienes feisbuk, ni tuister, ni güasá? ¿No quieres relacionarte? ¿No tienes amigos? ¿No tienes familia?
Pues sí, sí tengo amigos y familia. Y disfruto mucho relacionándome con ellos. Pero no a través de esas herramientas, no las necesito. No tengo necesidad de exponer toda mi intimidad, ni regalarle mis metadatos a una empresa que comercia con ellos. Si quiero decirle a alguno que algo de lo que dice me gusta prefiero decírselo con un café (o una cerveza) en la mano. ¿Cuántos de los «amijos» que tienes en esas listas de contactos acudirán a darte apoyo si lo necesitas? ... Correcto, los mismos que lo harían si no estás en esas redes asociales.
Es decir, y por poner un ejemplo que todo el mundo entienda: suplir la necesidad de contacto humano con esas redes es lo mismo que intentar suplir la necesidad de sexo matándote a pajas. Al final recibes la misma cantidad de afecto.
