No sé exactamente lo que estaba saliendo en la televisión. Está puesta en el comedor pero apenas la miro. Es el ruido de fondo que hay en casa, salvo algún que otro programa de humor o alguna película no le hacemos mucho caso a ese electrodoméstico, toda la familia conectada a Internet. El tema es que volvió a aparecer la famosa frase –supongo que será un refrán en inglés– de «palos y piedras pueden romper mis huesos pero las palabras nunca podrán herirme». Si es un refrán en guiri deberían aprender a hacer refranes. Los refranes en español son todos verdaderos y tenemos al menos uno para cada cosa –si hay varios lo normal es que se contradigan para un «por si acaso»– y me gustaría saber si los «guiris» tienen alguno que contradiga éste.
Lo oigo en muchas películas, series e incluso documentales, repetido como un mantra, supongo que para ver si al enunciarlo mil veces resulta verdadero. Sin embargo, las palabras han evolucionado con nosotros para tocar nuestros pensamientos. Nos acercan el mundo exterior en conceptos. Lo que es una ventaja y una desventaja al mismo tiempo, pero que como herramienta ha sido muy útil para portar nuestro pensamiento entre cerebros.
De hecho, si estás leyendo esto y comprendes el español es muy fácil suponer qué estoy pensando cuando escribo ésto. Es una forma de acercar nuestras mentes y ponerlas a funcionar de modo armónico. Nos puede parecer algo insustancial pero nuestro pensamiento es lo que nos permite relacionarnos y sobrevivir con/en nuestro entorno. Las palabras lo moldean y hacen incluso que percibamos cosas que no existen. Por eso nos sorprenden algunos koan del zen como el de: ¿dónde va tu puño cuando abres la mano?.
En este tipo de ocasiones, tanto el pensamiento, como el lenguaje al que se entrega, juegan en nuestra contra. El lenguaje está utilizando el sustantivo puño para nombrar una acción: cerrar la mano con fuerza. Nuestro pensamiento está automatizado para percibir los sustantivos como cosas y los verbos como acciones. Por tanto, si el lenguaje utiliza un sustantivo nuestro pensamiento nos dice que el puño existe y para demostrarlo cerramos la mano con fuerza y lo llevamos ante nuestros atónitos ojos pensando: ¿Cómo puede decir este Notxor que no existe el puño? Bueno, sí existe pero es una acción (debería ser un verbo) no una cosa (como el sustantivo que es).
El caso es que las palabras nos afectan mucho más de lo que queremos reconocer. Son uno de los vehículos más importantes para saber qué piensan los demás sobre el tema que más nos importa: yo. «Qué piensan los demás de mí» es una de las cosas que se vuelven centrales durante alguna época de nuestra vida, como nuestra adolescencia cuando estamos haciéndonos un sitio en este mundo.
Y los desprecios duelen. Duelen más y durante más tiempo que una pedrada o un golpe. Incluso con nuestro limitado lenguaje también hablamos de golpe a nuestra moral. O incluso calificamos de golpe bajo cuando en una discusión nos sacan a colación algo que le contamos a la otra persona en confianza. Y si nuestro lenguaje los llama golpes, existen, ¿no? Bueno, un golpe es la acción de «golpear», como cuando hablaba sobre el puño y la respuesta es la misma que a la pregunta ¿Existen las acciones?
