Ética
No soy especialmente delicado y quizá algunas veces sea un poco rudo. Sin embargo, cuando me relaciono con los demás intento escuchar y entender a las otras personas. Intento en todo momento dirigirme, o conducir mi conducta, de una manera ética, tratar a las personas de forma digna. Entiendo que esa es la forma correcta en la que se han de hacer las cosas. Creo firmemente en que como dice el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:
«Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.»
Es un poco frustrante cuando ves que no sólo no te reconocen la misma dignidad sino que además estás notando que piensan que por algún motivo ellos deben estar sobre ti, mandarte, mandar que hagas, aplicarte normas –escritas y no escritas–, mientras que ellos se sienten legitimados para no cumplirlas. Y no hablo sólo de políticos, hay suelto mucho energúmeno de la clase «usted no sabe quién soy yo». Pero básicamente la deriva que ha tomado la política en este país hace que el desapego ciudadano sea cada vez más marcado. Y me asombra que los políticos digan que no entienden por qué se produce ese desapego, especialmente algunos que siguen pensando que la democracia consiste en votar cada cuatro años y callar el resto del tiempo, sin rechistar por las múltiples tropelías que puedan cometer cuando se llenan los bolsillos con el dinero de todos.
Estética
Una de las cosas más interesante en este tipo de comportamiento es la influencia de la estética en él. Y no sólo es que la mujer del César no sólo debe ser honesta, también debe parecerlo, según cuenta Plutarco. Pero hemos llegado a un extremo en el que el término político equivale ya a delincuente aún no procesado y la expresión partido político equivale ya a organización o asociación para delinquir. Y ya ni siquiera pretenden ocultarlo.
No tengo el más mínimo inconveniente en pagar impuestos. Soy consciente de que toda la sociedad debe contribuir en su sostenimiento. Lo que no me parece normal es que yo pague lo mismo o más que otros con grandes fortunas, que tienen los mecanismos y recursos de dirigir su dinero a paraísos fiscales. Y además salen en la televisión afirmando –como ha hecho algún famosillo– que todos haríamos lo mismo. Pues no, me niego a pensar que yo haría algo así ni aunque pudiera. Eso sólo lo hacen los que consideran que la Sociedad está para servirlos a ellos, los que no ven que la formamos todos y que somos nosotros los que pagamos nuestros servicios. Esa misma filosofía les llevaría a hacer que fueran los criados los que pagaran la luz eléctrica o el gas de su casa.
