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Soy un caso perdido

Debo ser un caso perdido. Ayer recibí un correo de un amigo donde expresaba que no entendía mi actitud. Me aconsejaba condescendientemente que saliera de mi aislamiento (¿?), y es que, además «guasá» ya puede cifrar los mensajes. Me voy a permitir contestar por aquí, pues me temo que recibiré alguna petición más para que vuelva a un redil al que me niego a volver. Mis motivos son los que he mantenido siempre pero el fundamental es:

Prefiero mantener yo el control sobre mi ordenador y mis comunicaciones y no cederlo a empresas privadas.

Llevo muchos años utilizando GNU/Linux: desde el siglo pasado. Algunos de los que me conocen piensan que lo utilizo sólo porque es gratis o porque soy un friki. Piensan que esas cosas son para ingenieros o al menos para informáticos. A algunos incluso les cuesta encontrar en su memoria la palabra «Linux» y hay a quien le he oído llamarlo lipux con naturalidad. A estos ya ni me paro a explicarles lo del GNU y el Linux. Bastante imagen de frikismo tengo ya.

En esos grupos de gente no sirve que les expliques aquello de las cuatro libertades del Software Libre. ¿Para qué quieren poder mirar el código si no lo entienden? Esa es la excusa reina. Les da igual que les digas que no hace falta curiosear todo el código de una aplicación libre para estar seguro que no contiene ningún troyano en su interior: hay una comunidad de personas a tu alrededor que daría la voz de aviso. Para ellos, esta respuesta es una tontería, para ellos es mejor confiar en una empresa que se gana la vida con lo que hace.

Si les preguntas si alguna vez se han leído la EULA del software que están utilizando su contestación es un: claro que no, es larguísimo y aburrido (Bueno, primero tienes que explicarle lo que es el EULA). Si lo llamas licencia suelen tenerlo más claro. Lo aceptan porque todos lo hacen para utilizar el programa, así que no debe ser tan malo. Recuerdo que con algún amigo utilicé la metáfora del coche para que lo entendiera. Me vais a permitir que haga aquí un resumen pues temo que tendré que pasar este enlace a alguien más y así me ahorro el repetirlo:

Imagina que compras un coche, un coche fantástico que lo hace prácticamente todo solo, y te dan un documento que tienes que firmar a la entrega. Es un tocho muy grande y muy aburrido así que vas a la última hoja y firmas, te subes en tu coche y te vas para casa muy contento y muy feliz con tu compra. Llegas a casa y quieres enseñarle al vecino, para fardar, el coche nuevo. Vas a abrir el capó pero no se abre. Llamas a la casa y te dicen que en la licencia de uso se especifica que no puedes abrir el capó ni saber cómo funciona y que si fuerzas el capó pueden prohibirte volver a conducir el coche. ¿Cómo? He comprado el coche, contestas. No, sólo has pagado por el derecho de usarlo, te dicen.

Pasado el tiempo parece que el coche no va tan bien como al principio y averiguas que hay algunos repuestos que pueden hacer que funcione mejor. Los compras y cuando vas a instalarlos resulta que no puedes. Los tornillos y tuercas tienen formas raras y necesitas llaves especiales. Llamas a la casa y te dicen que efectivamente, no puedes tocar nada, que cualquier repuesto debe ser instalado y administrado por la casa y que si haces cualquier modificación no sólo pierdes la garantía sino que además pueden revocar unilateralmente la licencia de conducirlo.

El coche es muy cómodo, te lleva a todos lados e incluso te informa constantemente de tiendas y restaurantes que se encuentran cerca de donde estás. ¡Qué bien! Puedes acceder a tus contactos, hacer llamadas, consultar si algún amigo se encuentra cerca. Pero un día quieres ir a un sitio, lo llamaremos Libretown, por poner un ejemplo, y cuando te estás acercando allí el coche se para. ¿Qué ha pasado? Llamas a la casa y te dicen que no puedes ir a Libretown y que debes dar la vuelta. El coche vuelve a arrancar, pero cuando llegas al desvío el coche sigue recto y no hace caso de tus comandos al volante. Cuando vuelves a casa llamas a la casa y preguntas por qué. Junto con la licencia admitías ser monitorizado en todo momento, tus desplazamientos, todos los mensajes que pasaran a través del vehículo, cada comando que le dieras al coche e incluso cada conversación privada que mantuvieras en su interior aprovechando los micrófonos del manos-libres.

Es un coche muy bonito, lo hace todo solo y parece que es tuyo, pero en realidad sólo obedece al fabricante. ¿Sabiendo eso lo comprarías? La alternativa es tener un coche que debes conducir tú y decidir todas esas cosas que el otro vehículo decidía por ti.

Pues con el «guasá» me pasa lo mismo. Instalas la app y ella hace todo por ti, toma todas las decisiones: te asigna un id que es tu número de teléfono, avisa a tus contactos de que te has instalado la app para ello rebusca en tu agenda –le das permiso al instalar–. Todas las comunicaciones y mensajes pasan por un servidor –y se sabe que esa información se guarda–. Ahora dicen que se puede encriptar, pero las claves ¿dónde van? No podemos saberlo: el capó está cerrado y no podemos abrirlo para saber cómo funciona. ¿Qué les impide almacenarlas para desencriptar la información cuando les plazca? Además, tienen el permiso de los usuarios para fisgar en sus comunicaciones.

Yo me he instalado aplicaciones para utilizar el protocolo XMPP de forma libre, en el ordenador, en la tablet y el móvil. He tenido que hacerlo todo: decidir qué aplicación quiero utilizar, decidir qué nodo quiero utilizar, crear una cuenta en el nodo y advertir a mis amigos cuál es mi id. Tengo que conducir yo, pero soy libre de ir donde quiero.


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Publicado

El viernes 2016-04-22 10:00

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Varios

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