Hace unos años y en mi anterior trabajo me encontré en la
tesitura de tener que dar unas charlas sobre «judo verbal»
en una escuela de seguridad. Algo que parecía estar de moda entre las
Fuerzas de Seguridad del Estado y en la que algunos policías y guardias
civiles se gastaban su propio dinero. No tenía ni idea de que algo así
existiera y me puse a investigar. Encontré algunos sitios:
https://en.wikipedia.org/wiki/Verbal_self_defense, http://verbaljudo.org/, http://verbaljudo.com/
Bueno, hay muchos sitios más y si alguien está interesado puede investigar aún más, es muy libre de hacerlo, pero sinceramente me parece una tontería. En lo que se están gastando el dinero todos esos agentes que llevados por su celo profesional quieren ser cada vez mejores agentes es un timo. O eso me pareció.
Lo primero que me llamó la atención es que yo no pueda dar una charla y llamarla Judo Verbal porque ese nombre está registrado. Si quiero darla tengo que pasar por caja, hacer un curso y sacarme un título o cinturón que mide cuántos cursos he hecho –y por tanto cuánto he aportado a la caja–. Esta es una mentalidad muy yankee donde todo es vendible, sólo tienes que encontrar la manera de hacerlo.
Bien, como el término está registrado y no se puede utilizar libremente, hay los que sin pasar por la caja lo comenzaron a llamar Aikido Verbal, que bueno, no deja de seguir la misma filosofía. Pero ¿qué se esconde bajo es término? ¿qué es tan importante para que los cuerpos de seguridad de todo el mundo estén interesados en ello?
Después de buscar información en la red, algo complicado por estar sujeto a copyright llegué a la conclusión de que efectivamente todo lo que presentaba esta maravillosa técnica era un fiasco. Estructuran la información de una manera un tanto torticera, pero básicamente es lo que en psicología se ha llamado tradicionalmente cursos de Habilidades Sociales, eso sí: enfocados a un público muy concreto. Mi abuela a lo mismo lo hubiera llamado aprender a «saber estar con buena educación».
El ponerle un nombre combativo como «judo» o «aikido» no es más que un proceso de marketing enfocado al público esperado: los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Marketing efectivo porque me he encontrado muchos de los captados a la secta del judo verbal discutirme que no sea más que eso y que por lo que cualquier psicólogo experto cobraría unas decenas de euros ellos han pagado cientos y están pensando en gastarse algunos cientos más. Pues afirman que es efectivo.
En eso sí les tengo que dar la razón: el respeto, la educación, tratar con los demás asumiendo que tienen pensamiento propio que puede no coincidir con el suyo, la empatía –el ponerse en el lugar del otro y comprender sus motivos–, el no cuestionar los sentimientos y reacciones del prójimo sino intentar calmarlos con suavidad, el tratar de convencer y no ordenar, en fin: tratar a los demás como personas, da resultado.
Pues en esto se gastan mucho dinero algunos de nuestros policías y guardias civiles. Lo sacan de su bolsillo cuando estoy seguro que sus academias, donde los forman, cuentan con psicólogos que podría realizar esa formación desde el principio. A ellos les ahorraría mucho dinero y al resto de la sociedad muchos sinsabores.
