Una de las cosas que más oímos los que pensamos que no queremos ser controlados por las grandes corporaciones es el famoso «yo no tengo nada que ocultar». Y es cierto, la mayoría de nosotros no tenemos nada que ocultar. Somos personas normales que realizamos actividades normales y normalmente no cometemos delitos ni tenemos nada que temer de la justicia –humana o divina–, en general. Por algún sitio leí (o escuché) que la privacidad no tiene que ver con lo que quieres ocultar sino con lo que quieres proteger (Si alguien está interesado en que le dé la cita completa tendría que buscarla, porque realmente no lo recuerdo, pero que conste que a mí no se me había ocurrido).
Cuando hablo como psicólogo con alguien y se plantea el tema de realizar alguna sesión online se plantea el tema de la privacidad. Y no es que la gente temga que ocultar nada, pero nadie quiere ir por ahí aireando sus pensamientos y sentimientos más íntimos dejándolos al alcance de la mano. Sin embargo, no dejan de utilizar las herramientas que los airean. La excusa de todo el mundo las usa es bastante repetida: «Y si no, ¿qué haces?». Pues algunas alternativas hay.
Continuamos, por tanto, regalando nuestros datos –y metadatos– para lo que las grandes corporaciones llaman Big Data. Aunque no tengamos muy claro cómo afecta eso a nuestras vidas y nos parece que no nos afecta, ni nos afectará. Y como de todas formas lo van a hacer intervengamos o no, pues qué más nos da: «si no tienes Facebook o whatsapp o twitter no existes».
Llevo ya unos meses sin esas herramientas en concreto y pensando en las consecuencias que para nuestras vidas puede tener todo este pillaje de datos. Pensamos que la Ley de Protección de Datos (LPD) nos protege, pero no es cierto. La LPD sólo nos protege contra el uso de esos datos en contra de nuestros deseos. Sin embargo, cuando admites la licencia de una de esas aplicaciones renuncias explícitamente a esa confidencialidad. Das permiso para que utilicen esos datos y si quieres usar dicha herramienta debes renunciar a tu derecho de intimidad. Hablo de esas aplicaciones, pero en realidad me refiero a todo un abanico de herramientas que incluyen sistemas operativos de grandes corporaciones, buscadores, servidores de correo, servicios de almacenamiento en la nube, ... En fin, no puedo enumerar todo.
¿Qué pensarías si dentro de unos meses vas a hacerte un seguro de vida y te duplican la prima porque saben que tu padre o algún otro familiar cercano murió de alguna enfermedad hereditaria? ¿Que ocurriría si tu seguro del coche te subiera la prima porque con cierta frecuencia sobrepasas los límites de velocidad? ¿Qué ocurriría si tu seguro médico privado te rescindiera la prima porque le engañaste en el formulario y no les dijiste que te habían realizado alguna operación y se acaban de enterar cuando tu hermana publica unas viejas fotos en su álbum de Facebook? ¿O que pasaría si tu empresa, de repente, te despidiera porque considera que llevas un modo de vida no acorde con las políticas de la empresa? ¿O qué pasa si escribes en las RRSS algún comentario –aunque sea jocoso– sobre tu jefe? ¿O sobre un compañero? ¿Qué ocurriría si cuando estás buscando trabajo rechazan tu curriculum porque tus intereses, orientación sexual, ideología política, religión (o falta de ella) va en contra de los gustos de la empresa? ¿Qué pasa si nuestro jefe lee nuestro correo electrónico (y sí, sí puede leer el correo corporativo, es suyo y tiene derecho dice el TSJ)?
Ahora es cuando se instala el pesimismo: «si total, lo van a hacer igual» estará pensando algún lector. Y sí, quizá, pero el camino más fácil que tienen es precisamente que les dejemos hacerlo sin hacer nada y sin protestar. Sigamos regalándolos nuestros datos. Sobre todo cuando hay alternativas. Enumero las principales:
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Utiliza software libre: Da igual si no eres programador y no necesitas ver el código fuente. Lo que proporciona el software libre es la seguridad de que a su alrededor hay una comunidad preocupada por su herramienta. Y encontrarás un montón de foros e información sobre dichas herramientas generada por sus usuarios. Además, suelen responder con amabilidad a las preguntas de los novatos.
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No utilices RRSS centralizadas de grandes corporaciones: Existen RRSS libres y descentralizadas que te proporcionan el mismo tipo de satisfacciones que las otras pero son menos entrometidas, no te fustigan con la publicidad y dejan tranquilos tus metadatos. Esto se puede aplicar también a los grandes servidores de correo gratuito.
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Cifra tu correo: No solo deberías utilizar servicios de correo electrónico que no dependa de una gran corporación, sino que harías bien en utilizar un buen sistema de cifrado para tu correo.
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No existe la nube: Como leí por ahí la nube es el ordenador de otro. Hay alternativas libres o abiertas a la nube de las grandes corporaciones, sin embargo recuerda que deberías tener cuidado con lo que subes al ordenador de otro.
Y si verdaderamente te da igual la privacidad te propongo un trato: mándame a mi correo electrónico gnotxor (en) gmail.com la lista de las aplicaciones y RRSS que utilizas, junto con los nombres de usuario y las claves de acceso. Te da igual ¿no? Si lo haces te prometo que no vas a tener ni un momento de aburrimiento durante bastante tiempo.
