Últimamente llevo unos días de esos de estrés. Cosas no planificadas que te hacen ir y venir, muchas veces sin sentido. La «burrocracia» manda, que si Hacienda, que si la ITV, que si el INAEM, que si los bancos. Hace años que hablan sobre la Administración Electrónica. Incluso nos hacen los DNI con claves de firma y otras lindezas que el usuario medio quizá nunca utilice. Y no lo utiliza porque quizá no lo entiende, no sabe cómo funciona –y además le da igual no saberlo–. Para los que –más o menos– sabemos cómo funciona una clave de firma o incluso nos suenan los términos de cifrado simétrico o cifrado asimétrico y frikadas por el estilo, tampoco adelantamos mucho. Vas tan feliz con tu DNI electrónico a la web de algún servicio de éstos y ves que lo que te piden es: el número del DNI y el número de teléfono (¿?)... introduzca el código que le enviamos por SMS... ¿perdón?
Estos días de atrás a mi compadre le dio por instalarse una aplicación XMPP en el móvil y otra en el ordenador. Le eché una mano con ambas cosas y ahora tenemos un canal seguro para comunicarnos y contarnos nuestras tontunas. Incluso se ha instalado Thunderbird en el ordenador para el correo (miedo me da lo de explicarle la parte de enigmail y GPG, pero todo se andará). Me imagino que para alguien a quien lo de la tecnología le da un poco de repelús, como a mi compadre, lo de que le instauren un DNI con claves de cifrado que sirven para todo le puede parecer hasta bien, aunque no entienda cómo funcionan esas cosas. Y hablo de mi compadre porque considero que es un usuario medio para la mayoría de cosas (incluso avanzado en algunas de ellas). Pero el engaño está en el que ese DNI va a ser la forma de interactuar con la administración.
Para empezar, los ordenadores vienen sin el lector de DNI, te lo tienes que comprar a parte y luego, las administraciones dejan mucho que desear: Sólo un mínimo de sitios oficiales están preparados y puedes realizar gestiones o firmar documentos con él.
Me recuerda a cuando en mi anterior trabajo se hizo un esfuerzo por reducir el gasto de papel y agilizar las comunicaciones, así todos los mensajes oficiales se almacenarían de forma electrónica. Se montó una aplicación complejísima, con gestión de claves de firma y autentificación, registros de entrada y de salida de mensajes, trazabilidad, supervisión, estados de tramitación y respuesta. Una base de datos potentísima permitía consultar y buscar un documento en segundos. Todo ventajas. Pero mi jefe hacía que su secretaria le imprimiera en papel todos los mensajes y los archivara en un cajón.
Pues eso: ¡Viva la burrocracia!
