Llevo tiempo procrastinando por la red. Dando vueltas a la nada en la que se convierte toda esa gran cantidad de información. Puedes encontrar de todo, puedes aprender de todo, pero en realidad no haces nada. Sólo dar vueltas y percatarte de todo lo que ignoras.
Sócrates ya lo aseguraba, aún siendo mencionado constantemente –miles de años después de su vida– entre los sabios de los sabios, ya advirtió que él lo único que sabía es que no sabía nada.
A ese convencimiento he llegado yo también, pero no desde la excelencia de tan ilustre griego sino de la más prosaica –por no decir mediocre– realidad de este hispano que apenas sirve ya para juntar algunas letras en un blog.
Quizá mi curiosidad desmedida me ha llevado a ser lo que se considera un aprendiz de todo y maestro de nada. He aprendido a hacer mal –decir regular sería un eufemismo y como tal, falso– un montón de cosas que lo único que hacen es reclamar mi atención de vez en cuando. Escribo, mal; pinto, mal; toco la guitarra, mal; programo, mal. Y lo único que creo que hago –o que creo hacer– bien, que es a lo que más esfuerzos he dedicado durante años de formación y ejercicio, y a lo que quiero dedicarme: la psicología, es lo que menos alegrías me da.
Es complicado en este país dedicarse a eso. Yo sólo quería ayudar a la gente a soportar su vivir y encontrar su camino. Pero la gente parece que no quiere que yo la ayude. Prefiere ir a que le agasajen el oído con maguncias varias. Pseudoterapias que dicen funcionar sin ninguna evidencia científica pero que acarician muy bien el intelecto llano –por no decir simple–. No puedo pelear contra eso, mi trabajo consiste en enfrentar a la persona con sus miserias –algo muy desagradable– y ayudarle a superarlas. Ahora aparecen sanadores y maestros sanadores por doquier. Terapias milenarias que todo lo curan, de hecho el ser humano ronda la esperanza de vida de los 100 años desde muchos siglos antes de que se inventara el método científico –como todo el mundo sabe– gracias a esa milenaria sabiduría.
Quizá debería haberme dedicado a otra cosa: a pintar, a escribir o a tocar la guitarra, áreas en las que no hay intrusismo: uno pinta, escribe o da conciertos y tiene público, o no, según sus propios méritos. Y como hay gente «pa' tó» seguramente, aunque fuera minoritario, encontraría «mi público». De hecho no descarto recuperar algún borrador de novela olvidado en algún cajón y probar a reescribirlo. Total, no pierdo nada, quizá no me dedique a lo que más me gusta pero viviría mucho más tranquilo... Y yo qué sé.
