Leyendo un artículo de una revista de motos –sí, me gustan las motos– el tío habla sobre un modelo –de cuyo nombre no quiero acordarme– al que califica como «moto lógica». La expresión me es familiar y la he escuchado y leído muchas veces pero no termino de entenderla. Y quiero explicar mis motivos.
Ninguna moto es lógica o puede serlo. Subirte en dos ruedas conlleva unos inconvenientes que sólo podemos obviar aquellos a los que nos gusta hacerlo. Son peligrosas, sucias, ruidosas y sin apenas capacidad de carga. Tiene otras ventajas prácticas, como aparcar en cualquier sitio, pero pocas más. Y la verdad es que no las necesitamos hay otras subjetivas que compensan.
Creo que fue Dennys Noyes quien dijo que montar en moto es lo más parecido a volar sobre el asfalto. O lo más divertido que se puede hacer sin quitarse la ropa, como dijo Kevin Schwantz. La moto te gusta o no te gusta. Hay quien tiene miedo –porque es peligroso, insisto– y hay quien necesita otras cosas. Pero a los que nos gusta ir en moto no necesitamos razones prácticas, sino otro tipo de razones.
Algunos dicen que se necesitan condiciones climáticas favorables y tengo que corregirles: no hay condiciones climáticas buenas para ir en moto. En verano hace calor y en invierno frío, si llueve te mojas y si hace aire (mucho) te puede tirar. Pero a los que nos gusta tampoco nos importan esos inconvenientes.
Nuestra relación con la moto es más visceral, nos gusta porque cuando vamos en moto no «nos desplazamos» sino que «viajamos», vamos a los sitios disfrutando el camino. Esas sensaciones no las tenemos en coche y esas sensaciones son importantes para nosotros. También es importante la camaradería que todavía hay entre las gentes que nos subimos en moto. Nuestro código de caballeros que nos hace saludarnos cuando nos cruzamos, parar a ayudar –aunque sea nada más que haciendo compañía– a quien se ha quedado tirado en la cuneta. Y para mí, en este grupo entran todos los que van en dos ruedas –e incluyo a los ciclistas– a los que saludo y espero que me saluden, aunque sean «escutres».
Cuando hablan de moto lógica hablan de características que las acercan a otros medios de transporte. Aparecen cosas como «cambio automático», «hueco para casco», «consumos bajos», «potencia suficiente»...
Cuando uno se compra una moto no piensa en la lógica. Lo más lógico de dos ruedas es un «escutre». Tiene hueco donde guardar el casco cuando te bajas, tiene poca cilindrada y por tanto consumos bajos aunque la potencia es más que contenida, por no decir decepcionante, ruedas pequeñas e inestables y una transmisión automática que no necesita ni embrague. Sin embargo, subirse en estos bichos también es peligroso, como digo tienen ruedas pequeñas, lo que hace que el efecto giroscópico de la rueda sea menos marcado que en una moto y por tanto sea bastante más inestable. A eso le añades un recorrido menor de la suspensión, combinado con una tara blanda para hacerla confortable por ciudad a bajas velocidades y un chasis con la forma y resistencia estructural de un plátano... y yo no le veo ninguna ventaja «lógica» a dicho cacharro. Aunque entiendo que es cómodo pensar sólo en acelerar y frenar.
En estas cosas me pasa como con la informática. ¿Quién decide qué puedo hacer y cuándo? Si decides que sea otro el que tome las decisiones por ti, eliges «güindón» (o MacOS, que no te deja ni elegir el hardware), pero si quieres tomar tú las decisiones, aunque sea un poquito más incómodo, eliges software libre. Si me compro una moto quiero tomar yo las decisiones, quiero tener la respuesta en un motor solvente... no digo de 200cv, con 80 sería suficiente. No necesito volar bajo como Noyes, necesito que cuando le «retuerza un poco la oreja» me aleje del peligro, acorte el adelantamiento, me aleje del imbécil «enlatao» que va a 110 por el carril izquierdo de la autovía, y cuando te ves obligado a adelantarlo por la derecha, acelera como un poseso. Suelo viajar a velocidades legales aunque ligero y necesito un motor que responda. No quiero que nadie tome las decisiones por mí, necesito acelerar cuando acelero y frenar cuando freno, no quiero que nadie determine si debo acelerar o frenar, ni cómo.
