Desde que empezó la crisis el índice de suicidio ha crecido en España. Es una afirmación simple, pero dura.
Si atendemos a las frías cifras, el pasado mes de marzo el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó sus datos sobre defunciones según la causa de muerte del año 2014. Los resultados nos dicen que el suicidio es la primera causa de muerte no natural en nuestro país, por delante de los accidentes de tráfico. En 2014 se fallecieron 14.903 personas por causas externas, de los cuales 3.910 (el 26,2%) se quitaron la vida (2.938 hombres y 972 mujeres). Esto supone una subida del 20% con respecto al año 2007. Analizando los datos por franjas de edad, el mayor incremento de suicidios se produce en personas que están en torno a los 50 años.
Con los fríos datos tampoco podemos concluir que la causa del suicidio sea únicamente la crisis. Habría que estudiarlo más a fondo para establecer una relación causa–efecto, pero lo que nadie puede negar es que existe una clara correlación entre los dos fenómenos. A estas alturas del partido me he encontrado hasta con negacionistas de la crisis que encontrarán este dato sesgado, tendencioso y, por tanto, falso de toda falsedad. Y con los datos en la mano no podríamos afirmar ninguno de los extremos.
Sin embargo, cuando hablamos de estas cosas se suele quedar uno en los números y no entramos a analizar las cuestiones que más me preocupan a mí. ¿Por qué llega alguien a pensar que la única salida que tiene es dejar de vivir? ¿Por qué se suicidan más los hombres que las mujeres? A parte de otros problemas secundarios y sobre los que no encuentro una explicación definitiva.
Es tradicional que el índice de suicidios sea liderado por las áreas rurales, donde el control social es mucho más cercano y cerrado. Pero no he podido encontrar cómo han evolucionado esos porcentajes en las zonas urbanas desde la crisis. Nos podría dar otro índice para averiguar si tiene relación con la crisis o no. He estado buceando por los datos del INE y no he encontrado manera de relacionar un dato con otro, tendría que extraer dato a dato y mirarlos.
Otro dato que me gustaría saber es cuántos accidentes en realidad no lo son. Cuando estudiaba criminología, una de las cosas que nos explicó el catedrático de Medicina Forense era que una preocupación para los seguros era determinar bien las causas de la muerte para poder establecer si, por ejemplo, el accidente ocurrido en la carretera era en realidad un accidente o el conductor se había salido a propósito de la vía con la idea de que su familia cobrara una indemnización y los seguros de vida. Este sería el motivo mantis religiosa o viuda negra porque el macho se autoinmola para garantizar el futuro de la progenie.
En lo que más o menos coinciden todos los autores que leo sobre el asunto es en destacar la desesperación que lleva a tomar ese tipo de decisión. Desesperación que se presenta junto con algunas situaciones en la vida: la depresión, la soledad, el desarraigo...
Me gustaría ver cómo esas estadísticas se reducen en los siguientes años, sin embargo, soy un poco escéptico y pienso que continuarán con, más o menos, la misma tendencia que hasta ahora. Esperemos que por lo menos no aumenten demasiado y empecemos a ver una salida.
