El otro día estaba pensando que si las atrocidades cometidas en Niza hubieran sido perpetradas por un grupo más organizado y no por un loco, quizá estaríamos volviendo a escuchar la misma cantinela de siempre. Y es que cuando se producen esos grandes ataques o matanzas y mínimamente está implicada la tecnología, aparecen voces que reclaman la prohibición del cifrado y de algo que llaman la deep web, aunque muchas veces no sepan a qué se refieren exactamente. Es decir, muchas veces no tienen mucha idea de lo que es, en qué consiste o para qué se puede utilizar y por tanto les parece prescindible: han vivido sin utilizarlo.
La idea consiste en demonizar la herramienta y no al que la usa, siguiendo el juego a las grandes corporaciones, que precisamente utilizan esa demonización con otros fines –normalmente comerciales– excusándose en mayor seguridad para que la gente acepte la pérdida de libertad y derechos.
Bien ¿por qué ahora no piden que se prohíban los camiones? Han utilizado un camión para matar a muchas personas y pueden volver a hacerlo. Cualquiera tiene acceso a un camión o una furgoneta. Deberían prohibirlos.
Suena imbécil ¿verdad? Sí, tan imbécil como lo otro, sin embargo la gente no se da cuenta de que ambas cosas son igual de estúpidas. ¿Está más familiarizada con el uso de camiones que con el cifrado? En absoluto, la mayoría lo más cerca que están de un camión es cuando lo adelantan por la autopista y normalmente sólo le prestan atención para quejarse de lo que estorban en la carretera. Sin embargo, los perciben como útiles. Contaminante pero útiles; pesados pero útiles; lentos pero útiles.
El fenómeno del cifrado, por contra, es ignorado por la mayoría. Lo usan de forma imperceptible cada vez que entran en una página web a través de «https» pero lo desconocen. Muy pocos de entre ellos saben cifrar el correo electrónico o sus comunicaciones y creen –les han hecho creer– que no es necesario. Les han enseñado que hay que confiar en las grandes corporaciones. Que esa es la forma de evitar otros males (el principal es no poder recolectar tus datos sobre tus gustos para poder bombardearte con publicidad que en realidad no necesitas). Están convencidos de que todo el mundo utiliza las mismas herramientas y no hay otras. Cosas como «el libro de caras»1 o el «gorjeo»2 o el «que gilipollas p»3 trafican con sus datos, espían sus conversaciones, usan a sus usuarios, los censuran, y no les importa.
Suena absurdo prohibir los camiones, pero lo digo sólo para que suene igual de absurdo el renunciar a tus libertades porque alguien haya utilizado una herramienta menos tangible que un camión para cometer algo ilegal.
